Siete personas en un dormitorio de chapa junto a un basural: ‘estalla’ la emergencia habitacional de Argentina en la cuarentena

Vecinos de un precario asentamiento en el partido de San Martín, Provincia de Buenos Aires, cuentan cómo se agravaron las carencias preexistentes en medio de la pandemia del coronavirus.
Siete personas en un dormitorio de chapa junto a un basural: 'estalla' la emergencia habitacional de Argentina en la cuarentena

La cuarentena no es igual para todos, principalmente en Latinoamérica, la región más desigual del mundo según la CEPAL, y Argentina, donde al menos uno de cada cuatro hogares es pobre, lo que representaba al 35,5 % de la población en el segundo semestre del 2019. Aquel contexto crítico se agravó este año con la llegada del coronavirus y la paralización del país sudamericano, donde algunos la pasan mucho peor que otros durante el encierro obligatorio. Claro, siempre y cuando haya lugar donde quedarse confinado, porque la indigencia también creció a ritmos galopantes.

En el asentamiento 8 de Mayo, ubicado en la localidad de José León Suárez, partido de San Martín, se hunden todos los argumentos de la meritocracia, tal como se hunden las zapatillas al caminar por las calles de barro maloliente en ese rincón olvidado de la Provincia de Buenos Aires. ¿Quién merece vivir en estas condiciones?

“Me encantaría que no llueva”

A unos 100 metros de un basurero clandestino, conocido por los vecinos como “el lago de basura”, Ana Coronil tiene su casilla de chapa, donde vive con su marido, cuatro hijos de entre seis y 13 años, y un sobrino de 14. “Ya estamos acostumbrados al olor, otra opción no hay”, comenta. En realidad, su hogar no tiene divisiones. Es una habitación con el baño y la cocina integrada, una de esas viviendas improvisadas que no resistiría ni el más mínimo temporal.

Acá no hay Netflix, ‘amenities’, ni mucho menos espacio para incursionar con clases de yoga, y las horas transcurren en cámara lenta. Entre los pasatiempos familiares, típicos de los barrios populares, se destaca el ‘juego’ de poner baldes y ollas debajo de las goteras cuando el clima no acompaña: “Llueve más adentro que afuera”, bromea.

Eso sí, quienes romantizan la precariedad dirán que de esta forma se fortalece la unión, porque si cae agua del cielo, hay que acurrucarse. “Dormimos todos apretados, tres en una cama de una plaza, y los otros cuatro en la de dos plazas. No queda otra, nos gotea por todos lados”, describe. Sucede que, para muchos lugareños, el pronóstico es determinante: “Me encantaría que no llueva”.

Las otras urgencias, además del virus

En las próximas semanas comenzará a bajar la temperatura, y las artesanales paredes metálicas no son infalibles: “La pasamos muy mal en invierno con los chicos”. Tampoco tienen estufa. Si hay calor, es 100 % humano.

Lo bueno, dentro de este panorama desolador, es que cuentan con electricidad. Lo malo, es que no hay una red cloacal en su zona, y el único grifo conectado está a unas cuadras, dice, en la canchita de fútbol del barrio. Entonces, Ana y sus seres queridos toman agua de pozo, algo que parece poco recomendable considerando la cercanía del basural: “Vino un señor canoso y dijo que si hervimos el líquido, no pasa nada”, explica.

Así, mientras las autoridades enseñan la importancia de la higiene ante el avance del coronavirus, la gente de 8 de Mayo está, literalmente, junto a los residuos. En ese marco, una de las hijas de Ana presenta problemas respiratorios, y uno de los varones ya tuvo una reacción alérgica en la piel. “Estaría bueno que algún político mande un camión, o algo, para limpiar el campo”, pide esa mamá, y añade que se necesita una sala sanitaria. Justo ahora, Argentina también atraviesa una nueva epidemia de dengue: “A la noche hay una banda de mosquitos”, alerta.

Hoy, ese distrito, la provincia y el país son gobernados por el peronismo, y resta por ver si hay capacidad de respuesta en medio del angustiante presente económico. Por su parte, el macrismo dejó la Presidencia de la nación y la Gobernación de Buenos Aires en diciembre.

El parate de los que viven al día

Trabajo en blanco y 8 de Mayo, son antónimos. Este asentamiento, habitado en su gran mayoría por paraguayos, se caracteriza por la informalidad de su mano de obra, y vivir al día. Es que, si la clase media argentina se ve en serios problemas por la paralización de la economía, ¿qué les queda a ellos?

Antes de la cuarentena, Ana se desempeñaba como empleada de limpieza en hogares de familia, y su compañero hacía tareas de albañilería para obras en construcción. Ninguno tenía un salario fijo, y si no se trabaja, no se cobra: “Espero que acabe esta situación, porque estábamos edificando una casa de material hace dos años, de a poquito, pero nunca podemos terminar“.

En estos días recibió la Asignación Universal por Hijo (AUH), y por todos sus niños el Estado le dio un total de 10.000 pesos (150 dólares). Compró un poco de carne, yogur y una garrafa de gas, porque claro, tampoco hay conexión gasífera. Sumó algún producto de limpieza y alcohol en gel, “que estaba re caro”, y el escaso dinero restante deberá estirarlo para sobrevivir a la pandemia. También está esperando cobrar otros 10.000 pesos del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), una ayuda extraordinaria anunciada por el presidente Alberto Fernández en el contexto de la contingencia sanitaria, mientras hace malabares con las cuentas.

Entre tanto, Ana y los suyos empiezan todas las mañanas con mate cocido —infusión similar a un té, pero con un saquito de yerba— y un pedazo de pan. “Después hay que seguir el día”, expresa. Luego de ese modesto desayuno, la mujer se activa para que los chicos hagan las tareas del colegio, cuyas clases están suspendidas. Como no tienen computadora, los cinco niños y adolescentes comparten un solo teléfono para cumplir con el programa de enseñanza en línea. “A veces no pueden, porque me quedo sin crédito”, aclara.

Vivienda digna, ambiente sano, salud y educación. Si hubiera un campeonato de derechos vulnerados, 8 de Mayo se llevaría todos los premios.

Crisis alimentaria

Con la llegada del coronavirus, los comedores de la zona tuvieron que aumentar sus raciones: “En noviembre, diciembre, ya veníamos en una situación de crisis y emergencia alimentaria, pero esto duplicó la demanda“, confirma Zulma Monges, quien administra cinco centros alimenticios del Movimiento Evita en el barrio Costa Esperanza y sus alrededores. La organización lleva ese nombre en homenaje a Eva Duarte, compañera del líder político Juan Domingo Perón, reconocida como ‘la abanderada de los humildes’.

Actualmente entregan viandas a 245 familias, y la cantidad varía según el número de integrantes: “Damos un almuerzo y una merienda reforzada, porque muchos no pueden cenar”, indica. Varios de esos vecinos, al menos la mitad, solo se alimentan de la comida que otorgan los militantes sociales. Aquellos productos para cocinar son garantizados por el Estado municipal, que recibió la presión de las organizaciones territoriales.

Entre las urgencias a resolver, Zulma subraya que muchos residentes peruanos, bolivianos y paraguayos no lograron registrarse para cobrar el IFE, por ser extranjeros. “Mandamos los datos y cerca del 70 % no pudo ingresar”, alerta. De 335 solicitantes, solamente alrededor de 80 lo hicieron con éxito. “Algunos viven hace más de diez años en el país, y tienen hijos”, remarca. Con ese clima, a punto de hacer ebullición, también alerta que hay “muchos ancianos abandonados, que no tienen a nadie”. Y avisa: “Si no nos acercamos con una vianda, esa persona no come”.

Por su parte, Ana es una de las tantas madres que va diariamente a un comedor de 8 de Mayo para llevar alimento a su hogar. Le preguntamos si sabía que el Gobierno iba a extender el confinamiento obligatorio hasta el 10 de mayo, y el silencio se apoderó del reportaje.

Leandro Lutzky

 

https://actualidad.rt.com/actualidad/351079-siete-personas-casa-chapa-cuarentena-argentina

 

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