Navegar para vencer ¡¡Siempre en 26!!

 Maité Campillo

Leyendo en Juventud Rebelde una crónica sobre algunos de los episodios de la revolución referente a los primeros cinco días del Granma

Observé en la introducción una cita que no me esperaba, era de Pío Baroja, y decía: “Desde un punto de vista metafísico, la suerte no existe, no es más que un nombre para una cosa que no es nada, pero desde el punto de vista humano esta cosa que no es nada influye como una realidad”

Al sur de Cuba, el TUXCO’38 comenzará a navegar esa semana tras la historia

 El mar es de un azul claro con verde esmeralda, y a la distancia se ve plateado y brillante por los rayos que dificultan mirarlo. Todo visto en su inmensidad desde esta cáscara de nuez, ¡que bello! A veces en su serenidad, se forman unas anchas avenidas por las corrientes que lo dibujan y parece que le dan sus colores. Muchos de nosotros nos detenemos a contemplar el sol saliente, en el cenit y en su puesta. ¡Qué maravilla! En la naturaleza, si te fijas bien, está todo, de ahí el modelo del pintor, que unas veces copia y otras deforma la realidad. Unos delfines vienen al frente y a los lados del yate, entran y salen vigilantes como si fueran la punta de vanguardia y los flanqueadores. Todos se movilizan a verlos. Nos acompañan largo rato. Después no los vi más… Dos noches antes, de haber tenido menos suerte y un poco más de olas en su contra, Juan Almeida Bosque hubiera terminado no se sabe en qué costa y sin muchos ánimos para escribir la historia del expedicionario náufrago. Gracias a Onelio Pino, el capitán del Granma, y a sus tripulantes Roque, Mejía, Arturo, Norberto y Chuchú, pudo terminar, años después, su testimonio ‘Desembarco’. Dos noches antes, la del 25 de noviembre de 1956, el yate tomó el centro del amplio canal que forma el Tuxpan hacia su desembocadura. A uno y otro lado, la ciudad dormía. Media hora para dejar el río, otro tanto para cruzar el puerto. El Granma a oscuras pasó inadvertido entre los cuarteles de la Marina y del Ejército. Salía al Golfo en condiciones anormales, y en desacato a las autoridades portuarias que habían prohibido la navegación de embarcaciones pequeñas por el mal tiempo. En el puente de mando, Onelio Pino marca el rumbo en la carta náutica. Toma el compás, corre la regla por el mapa haciendo trazos con un lápiz en cada demarcación (El “ronroneo” de uno de los motores sigue su ritmo defectuoso). Por radiofonía de onda corta comprueban los relojes y la hora (aún se escucha música mexicana de fondo). Por la tarde, el yate comienza hacer agua. El sufragio es casi seguro, el timonel y el maquinista intentan sacarla. Se botó al mar lo necesario. Una cadena humana y dos cubos devolvieron la tranquilidad y la línea de flotación al barco. Después del susto volvió el hambre. En los primeros días esto no se sintió mucho, pero la bodega del barco terminó por semejar un sitio de ilusiones. Los encargados de comprar los alimentos para la travesía se habían quedado cortos, solo les quedaba un triste hueso sobre una bandeja y algunas naranjas. Los cintos comienzan a correrse de huecos…

 El día 29 el tiempo era mejor, el yate se sentía más grande y hasta había quien podía caminar y coger aire en cubierta. Ya se había evadido el Cabo de San Antonio para no topar con las unidades de la Marina y de Guerra de la dictadura, pero el peligro de ser descubiertos aparecía a ratos en las luces de los barcos en tránsito o aquél helicóptero a ratos que terminó por perderse rumbo a las Islas Caimán (En la radio se escucha música cubana por la ‘Onda de la alegría’). A intervalos se oye en la radio información sobre las acciones en Santiago de Cuba para apoyar el desembarco. El locutor habla del ataque a la estación de policía, la aduana y tiroteos en las calles. Se sube el volumen para que todos puedan oír. La emoción invade, crece la ansiedad por llegar. Fidel reúne en el centro del yate a Smith, Raúl y Almeida. Por puertas y ventanillas los demás observan atentos cómo el responsable de la expedición designa a los tres capitanes y lee los nombres que conformarán las escuadras y los pelotones. Frank anda jugándose la vida allá en Santiago, Celia espera con los suyos el desembarco y los del Granma lanzan al agua la ropa con que salieron de México. Ahora son gente con uniforme y botas. El tiempo vuelve a cambiar. El capitán orienta que alguien vea si descubre el resplandor de Cabo Cruz. Roque sube al techo. Se agarra al palo central en el techo del puente y siente como cruje, estaba podrido. Al dar el Granma un bandazo fuerte cayó al mar: “Vi cómo se alejaban -cuenta Roque- y oía la bulla que había ocasionado a bordo el motivo de mi caída. Traté de quitarme las botas que me quedaban grandes y por poco me ahogo al dejar de nadar unos segundos… Al poco rato sentí las máquinas del buque, pero un poco alejado. Pensé luchar hasta el amanecer, no me pasó por la cabeza ninguna una sola idea pesimista… El Granma volvió a pasarme cerca, yo le gritaba con todas mis fuerzas: aquí…”. Era una noche sin luna. Desde la proa, lo alumbró tenuemente una linterna, lo suficiente para que Roque viera el cabo de proa. Nadó y lo tomó; al subir una ola avanzó con ella. Agarrado al brazo de Smith subió a la cubierta. Antes de que Che y Faustino le dieran respiración artificial, intentó gritar con sus últimas fuerzas: “¡Viva… Cuba… Libre!”.

 Era el día 16 de enero de 1957. Hacia poco más de un mes que Fidel junto a un puñado de combatientes había llegado en el yate Granma a las costas cubanas procedente de México. El barco llegó a las costas orientales de Cuba el 2 de diciembre de 1956, cerca de la playa Las Coloradas en el municipio de Niquero y marcó el inicio de las luchas guerrilleras, que culminaran con el triunfo de la revolución el 1 de enero de 1959. Su columna estaba instalada, se movía sobre el rio de la Plata, cerca de El Jigue, donde se encontraba un cuartel militar del ejército de Batista. Un 21 de julio del año siguiente, 1958, la guerrilla de Fidel asienta una derrota histórica al ejército tomando el cuartel en una dura batalla haciendo rendirse a los oficiales. En el combate se ocuparon 250 armas, el enemigo tuvo 41 muertos entre soldados y oficiales, y le hicieron más de 200 prisioneros. A partir de la batalla de Jigue se inició la contraofensiva rebelde (Pero estamos en el día 16 de enero del 1957, vamos a vivir los hechos, se oye un grito):

-¡Alto a la Guardia Rural!!

-¡Mosquito! ¡Mosquito!

Universo Sánchez ha dado el alto a un individuo que sube por el camino del rio montado en una mula dorada, y, éste ha contestado con la contraseña de los guardias. No obstante, se ve encañonado y obligado a desmontar:

-Yo soy Chicho Osorio, compay, gente amiga.

Universo le quita el revolver 45 y el cuchillo que lleva en la cintura y corre a informar que ha sido detenido el sujeto por quien se esperaba. Ante Fidel aparece un hombre de mediana estatura de unos 50 años de edad. Trae una botella de coñac en la mano, y viene tan borracho que apenas puede caminar derecho. Una luna llena les permitía ver bien la cara a aquel desalmado (He aquí la estampa del asesino más grande que hubiera en la Sierra) con varias mujeres, jóvenes campesinas, cuyos padres tenían que doblegarse ante las influencias y el terror que imponía en la zona.

 Fidel se identifica ante él como coronel de un cuerpo especial de investigaciones del ejército, que viene con la misión de conocer la disposición combativa de las tropas contra los alzados. Critica duramente la pasividad de los guardias y dice que él si está dispuesto a tomar medidas enérgicas para acabar con ese Fidel Castro y su gente. A Osorio le brillan los ojos. Mirando de reojo al “coronel” dice con voz bronca:

-La orden que hay es de matar a Fidel Castro. Yo sí que si me encuentro con él lo mato como a un perro. Yo sí me meto en el monte, no como éstos que no salen del cuartel. ¿Usted ve ese 45 que acá este guardia me ha quitado? Con ese mismo lo mato si lo agarro. La calaña moral del capataz batistiano queda en evidencia cuando empieza a denunciar a los mismos con los que estaba tomando ron minutos antes. A reglón seguido comienza a describir a Fidel, con lujo de detalles, todo lo que haría con él si se lo encuentra, además de matarlo. Fidel observa que Crescencio está cerca y pregunta al detenido:

-Dicen que con Castro va un tal Pérez. ¿Que tú crees?:

-Ese es Crescencio Pérez -responde Chicho llevándose las manos a la cabeza. A ése lo metería en una paila de aceite hirviendo.

Fidel le sigue pidiendo información. Osorio va enumerando a todos los campesinos colaboradores del ejército en la zona y a los que él considera revoltosos. De improviso saca un papel de su bolsillo y dice:

-Mire coronel, este cheque de 25 pesos me lo mandó el general Batista como reconocimiento de mis servicios. Yo si que me he ocupado de eliminar a unos cuantos bandidos. Cuando el machadato maté a dos y mi general me sacó para la calle. Mire, allí mismo, junto a aquél carbonero, allí mismo maté a uno. Hoy le acabo de dar unas “galletas” a unos cuantos campesinos que están allí en el cuartel porque se habían puesto un poco malcriados. Por ejemplo ahora mismo, ¿usted ve estas botas que tengo puestas? Son de uno de esos que vino con Fidel Castro, que matamos por allá (y levanta una pierna para mostrar una de las botas mexicanas del “Granma”). Como dice Che en sus recuerdos de guerra, Osorio no sabía que con estas palabras, acababa de firmar su propia sentencia.

  NOTA

¿Navegar con “suerte”, o navegar para vencer?. Mi forma de interpretar la frase de Pío Baroja en el contexto histórico de los guerrilleros del Granma, trata que “la buena suerte” fluya como una realidad natural sobre la que se ha apostando con absoluto convencimiento y esfuerzo desafiando tempestades y conquistando peligros, y no como un golpe de azahar, porque la “suerte” no llueve y menos a cantaros cuando los bosques y selvas tienen su raíz estéril y los incendios intencionados solo devuelven a la vista árboles secos y tierra desertizada donde las lluvias de la buena suerte se ahogan en manos de la rapiña. Navegar para vencer son procesos no solo filosóficos entrañan una ciencia nada simple mas bien compleja, de pasar de lo abstracto a lo concreto, de la imaginación a la observación, de lo general a lo particular, de lo simple a lo complicado. No es fácil vivir al lado del monstruo. El yanqui, he ahí el enemigo de los pueblos del mundo, de la humanidad, no cesan sus dotes de criminalidad. Según los acontecimientos históricos encontraron el pasto favorable en un grupo de cubanos exiliados, en un intento de tomar Cuba. El “ejército perfecto” para ejecutar el plan: la CIA, el Pentágono y la Casa Blanca bajo la administración de Dwight Eisenhower. Se propusieron liquidar a un líder molesto para sus intereses, no solo por la isla en sí, sino también, por la gran influencia que estaba empezando a ejercer la revolución en toda América Latina y más allá del continente Americano. El “líder molesto” (como Che lo fue en Bolivia) que dirigió la revolución, supo una vez tomado el poder dirigir a toda una nación algo para nada sencillo, y también, sobretodo supo responder con tenacidad ofensivas criminales e invasiones como la de Bahía de Cochinos: un ejército de 1.400 mercenarios que fracasó en su intento de invadir Cuba, aplastado en Playa Girón por la fuerza incondicional revolucionaria: extenuados, sin munición, arrinconados contra la playa; así acabó la brigada 2506, a menos de 72 horas del desembarco a la isla.

 Por todo lo vivido y peleado que no ha sido poco y menos regalado hoy sus calles manifiestan su razón de ser, su sentido profundo de los derechos conquistados, sobre esa avanzada se enfrenta enarbolando la historia precedida. Luchamos para conquistar victorias, porque la revolución ha de continuar como dijera Fidel contra la desidia; la poltrona y la carcoma que abolir quiere la cultura propia de los pueblos, más allá de misas y flores a María entre cantos de adoración que todo parásito del cuento pretende vivir. La clase trabajadora lucha y seguirá luchando por la producción propia. Luchamos y seguiremos luchando desde dentro, y desde fuera, porque la lucha es la misma en un mismo combate contra el enemigo interior, y el exterior, que criminaliza y acosa a sus víctimas. De seguir combatiendo se trata porque en lo contrario la muerte acecha, hay que vivir, sobrevivir es una agonía demasiado fuerte, se trata de seguir soñando y peleando, engendrando enredaderas de flor humana y de la selva, permitiendo entre tanto y tanto un bosquejo contra la crudeza del terrorismo estadounidense, verdugos y mercenarios del mundo. De eso se trata de reivindicar para que nunca se olvide la historia que vamos construyendo. En ella se encuentran todos y todas las revolucionarias del mundo por eso celebramos sus fechas victoriosas como las hazañas aportadas por mujeres (muchas veces olvidadas, o silenciadas, que no es igual pero es lo mismo), como las dos heroínas del Moncada, y de Cuba: Melba Hernández y Haydée Santamaría, porque no terminaron allí ni en el juicio sino que siguieron luchando hasta morir. Como pioneras de lucha formaron parte indisoluble del proceso que continuó victorioso al fin, a quienes Fidel escribió con absoluta confianza desde la cárcel de Isla de Pinos, para que se publicara su alegato de autodefensa, conocido como ‘La Historia me absolverá’ reconstruido en las condiciones más difíciles porque: “Lo que fue sedimentado con sangre debe ser edificado con ideas”.

 Maité Campillo (actriz y directora d` Teatro Indoamericano Hatuey)

https://www.lahaine.org/mundo.php/navegar-para-vencer-iisiempre-en

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